Parroquia Natividad del Señor
Cruzada del Espíritu Santo Nuestra Parroquia Noticias Oraciones Revista Parroquial Contactos

Editorial Mayo, 2008


Mis ovejas me enseñan a mirar con amor

Los pastores de la iglesia son los pastores del rebaño del Pueblo de Dios.

¿Por qué es tan importante la relación entre el pastor y sus ovejas?

Porque si no existe un vínculo firme es muy difícil que las ovejas sientan el amor, la  protección  y  la guía del pastor y,  por otro lado, el pastor, sin ese contacto esencial, queda sin la riqueza de su  rebaño.

Es esta una relación en donde ambas partes dependen una de la otra: las ovejas necesitan de esa lucecita que las guíe, las proteja y les brinde amor. Por otro lado, el pastor también necesita de las ovejas la riqueza que ellas le brindan, la alegría, la recompensa de apacentar.

Quien llega a ser un “buen pastor” se impregna del olor de las ovejas, porque no sólo está entre ellas, también las abraza, las pone sobre sus hombros, las cuida y, prácticamente, pasa el mayor tiempo de su vida con ellas. Por su parte, las ovejas también se impregnan del olor del pastor, de su sudor, de su sentimiento, de su amor y hasta de su voz. Aprenden de tal manera el olor de su pastor que lo olfatean desde muy lejos. Es, por tanto, una relación muy profunda, una convivencia en donde existe la entrega mutua.

El buen pastor es aquel que vive por los que han sido puestos a su cuidado; es aquel capaz de entregar su vida para asegurar el amparo, la felicidad y todo aquello que necesite su rebaño; en especial las ovejas más débiles.

Jesús tomó esta imagen y se llamó a sí mismo Buen Pastor porque constantemente (antes y ahora) (mañana y siempre) carga sobre él las debilidades de la vida humana. Carga con nuestros pecados, se impregna de nuestro “olor” para que nosotros podamos encontrar en Él, refugio y esperanza.

Hoy, surge de mi interior un profundo deseo: ojalá que la Iglesia, a lo largo y ancho de la tierra, tenga muchísimos sacerdotes, obispos, cardenales y Papas que manifiesten con su vida esta hermosa imagen de Jesús como Buen Pastor; que sólo piensen en construir el camino correcto para que cada uno de nosotros viva dignamente, con felicidad y paz.

¡No es fácil! El mundo en que vivimos está lleno de cosas negativas que nos rodean: poder, mentira, odio, venganza... Ser sacerdote, pastor del rebaño del pueblo de Dios, es una vocación muy exigente.

La historia que voy a contarles está basada en un hecho de la vida real.

En cierta ocasión, los dirigentes de un gobierno eligieron como primer ministro a un pastor de ovejas, un hombre sabio, de campo, para que se encargara de la administración del país.

Al ser elegido dijo este hombre sencillo y humilde, dijo a sus superiores: “Jamás ha existido en mí la ambición de ser Ministro pero, como me piden que lo sea por el bien de mi país, me haré cargo de esta responsabilidad. Sólo pido algo personal: poseo un pequeño campo y quisiera seguir teniendo en él a mi rebaño”. Fue tanta su insistencia que, a pesar que aquel país tenía leyes humanas muy rígidas, se lo permitieron.

La administración que llevó a cabo fue un éxito total. Frecuentemente, cada vez que sus responsabilidades se lo permitían, llegaba hasta su pequeño campo para estar con sus ovejas. Se vestía como pastor y pasaba largas horas en medio de ellas.

Como siempre ocurre, no faltó quien lo criticara diciendo: “Seguramente, está escondiendo algo en ese campo”. No pasó mucho tiempo para que... quienes lo habían elegido, entraran al lugar para sorprenderlo, para observar qué hacía allí durante tantas horas.

Lo vieron tranquilo, sentado en medio de sus ovejas, tocando una melodía pastoril en una flauta.

Le preguntaron: “¿Qué hace aquí? Ocupando un cargo tan importante como el que ocupa, ¿a qué viene aquí?”.  Respondió: “Vengo a estar con mis animales, a jugar y a compartir tiempo con ellos. Es aquí, en medio de mi rebaño, donde encuentro paz y tranquilidad. ¿Cómo podría encontrarla en el lugar en que me han designado? Allí sólo me rodean las ansias de poder, la zozobra, el desengaño. Entre mis ovejas me encuentro feliz y puedo recuperar fuerzas para continuar con mis responsabilidades, para responder al pueblo.

Cada vez que miro los ojos de mis ovejas más débiles, de las más pequeñas y enfermas, encuentro las respuestas que busco. Ellas me enseñan que gobernar significa reconocer a los más débiles, acercarme a los más pobres, a los más necesitados; entender a los que me rodean desde las lágrimas de los que sufren, brindar afecto y amor. Las personas que me acompañan en mi puesto de trabajo, están confundidas, nada saben de esto y, a muchos, nada les interesa saber. Ellos sólo miran a partir de los ojos del orgullo y el egoísmo. Mis ovejas me enseñan a mirar con amor, a compartir mi vida a través del servicio.

Y ustedes me preguntan ¿a qué vengo aquí?. “Vengo a impregnarme del olor de mis ovejas para poder pastorear a mi pueblo”.

Todos sabemos que en el mundo en que vivimos, hacen falta hombres que sean capaces de renunciar a sí mismos para poner en práctica las enseñanzas de Jesús. “La mies es mucha los trabajadores pocos”.

Esta noche cuando, alejados del ruido del mundo, hagamos nuestras oraciones para agradecer el día vivido, pidamos a Dios que nos envíe muchos sacerdotes, muchos pastores, y que cada uno de ellos tenga ganas de vivir como el hombre de la historia que les relaté: compartiendo con sus ovejas el dolor, las lágrimas, el sudor... Para que, de esta manera, forme parte de su rebaño, para dirigirlo, para guiarlo hacia los mejores pastos, y así, juntos y encaminados por Dios, encuentren la esperanza.

Nuestro ministerio está impregnado de algo muy importante: Ser imagen de Jesús y llevar esperanza a un pueblo que espera, no a través del poder o del orgullo sino, con el amor de Dios.

Pidamos, con infinita fe, para que nuestro pueblo tenga muchos hombres que deseen  dedicar su vida a ser pastores de la Iglesia; que tengan las cualidades, y logren transmitir la imagen, que el mismo Jesús dejó para guiar al Pueblo de Dios.



Padre Ignacio Peries